Para dos

Cuando las relaciones se terminan, también se acaban ciertas rutinas. Reajustarte a una nueva normalidad duele, confunde y desespera cuando te das cuenta de que no se logra de la noche a la mañana.



Hace tres años pasaba noches sin dormir, me sentía abandonada y vivía sin pensar mucho, porque si me detenía a hacerlo me iba a doler el corazón. Después de una relación de muchos años, me cortaron por teléfono y no lo sentí tanto hasta regresar a mi departamento. Esto fue lo que escribí el 12 de Julio del 2018:


Últimamente no me he terminado lo que pido de comer. No importa si el platillo que tengo en frente sea mi favorito, no puedo dejar el plato limpio, y no es que no tenga hambre, si no que la porción es para dos.


Una de las cosas que él y yo hacíamos cuando salíamos a comer era pedir dos platillos y compartir, y cuando no, yo no tenía que preocuparme de no terminar el mío porque sabía que él tenía un estómago extra para lo que quedara de mi plato. Ahora, me encuentro frente a órdenes medio vacías, pensando en todas las veces que hubo un tenedor que salvara lo último de la lasagna o a los últimos rollitos de sushi. Después llego a casa y hago café para dos, compro el cereal grande porque el pequeño se acababa muy rápido cuando lo compartíamos, hasta me atrevo a tomar el paquete de dos cepillos de dientes en la farmacia. Suena a que exagero pero te juro que así es.


Me pasa como cuando no te ha bajado y piensas que estás embarazada (cuando nada que ver) y juras que ese día ves más embarazadas, carriolas y bebés que cualquier otro día. Yo veo más parejitas, escucho más te quieros y soy testigo de más besos que en cualquier otra etapa de mi vida. ¡Hasta lo pájaros en los cables se paran de dos en dos! Le extraño, pa qué negarlo. Justo leí una foto en Facebook que dice que recordar significa "que vuelve a pasar por el corazón"; creo que ahorita en el mío hay mucho tráfico.


Supongo que estaba tan acostumbrada a tenerle todos los días y en todo momento que se me olvida que ya se fue, y siento que me tiran un balde de agua fría llegar a casa y ver solo un cepillo de dientes en el vasito.


Cuando el tiempo pasa y encontramos esas páginas de nuevo, podemos releer cosas que nos causaron inmensa alegría o profunda tristeza, un susto que ni con bolillo se quita, o un enojo que casi nos descompone el hígado, el mismo sentimiento nos invade por un momento. Yo me lo sacudo rápido, me río o dejo salir esa lágrima de cocodrilo.


Hoy pienso en mi abuelita, y su gran ilusión porque fuera escritora o maestra de lenguas, siempre motivándome a poner en palabras mis sentimientos, ideas y pensamientos en papel. Tengo muchos cuadernos y notas en el teléfono donde he liberado la mente y el corazón, y aún así todavía tengo nudos en la garganta. Poco a poco los vas desatando y soltando, porque como dice Shrek: "mejor afuera que adentro" jaja tú sácalo.