I love bugs

He trabajado en estos bichos deos meses en los ratos donde no siento que la vida me está apurando. De verdad me gustan los bichos y aquí va la historia.


En la casa de mi able había un jardín y cientos de macetas. Siempre había bichos y mariposas y a mí nunca me dieron asco o miedo. Cuando mi papá se encontraba con uno muerto, lo guardaba para enseñármelo. Todavía tenemos una libélula y una campamocha.



Una vez removieron las macetas y salieron cientos de bichos. Yo agarré un frasco y guardé ahí los que más me gustaron. Cuando llegó la hora de dormir, como eran mis amigos, puse el frasco sobre mi almohada. No duraron mucho ahí porque llegó mi mamá y me convenció de ponerlos bajo la cama, prometiendo que al día siguiente seguirían ahí. Sí cumplió su promesa.


No, no era de las niñas que comía tierra, solo me gustaba jugar en ella porque siempre me encontraba un bicho. Cuando crecí, descubrí que existían bichos venenosos y que dolía cuando te picaban cuando a mi papá le picó un alacrán. Me asusté mucho pero como me dijeron que con un chocolate se iba a sentir mejor, le compartí de mi bolsa de dulces.



Si pudiera estudiar otra carrera, estudiaría entomología, o sea: bichología. ¿Para qué? No lo sé, pero en la serie de Bones (una de mis favoritas), el personaje de Jack Hodgins es eso y resulta ser muy útil para resolver los casos. Obvio que estudió más cosas pero por algo tendría que empezar.



Hace un año, por las lluvias salieron de la nada un montón de babosas en el patio de la casa. Descubrí que cuando las tocas se encogen y es difícil despegarlos. Me daba mucha risa como mi hermana se asustaba al verlos y como le daban asco a mi mamá. Intenté influenciar a mi hermano menor, pero no lo logré.


Ya no hay jardín en casa de mi abuela, tampoco las mil macetas, pero bichos siempre hay en todas partes y cuando me los encuentro, les tomo foto para enseñárselos a mi papá. Me gusta que compartir eso con él. Ahora los dibujo también.